January 2011
5 posts
Llegaba a la estación Villa Adelina (volvía a casa luego de visitar a mi novia) cuando veo que un muchacho, mid-thirties, rubiecito, morrudo, con un bolso al hombro, se acerca a los dos policía que estaban parados al lado de una garita. Les pregunta algo, que luego supe que tenía que ver con donde sacar el boleto. Por el rabillo del ojo veo una chica que viene corriendo hacia donde estabamos todos, seguida de un chico flaquito con una camiseta de Platense. Le empieza a gritar al que hablaba con los policías. Nadie entendía nada. Que “vení a hacerte el malo ahora”, “cómo lo vas a arrebatar al pibe”. El rubiecito gordito le contestaba “qué te pasa, loca, si yo no te hice nada” y ponía cara de nada. La mina le patea el bolso y el otro corre el bolso, el policía más gordo se pone en medio sin decir mucho. El flaquito le tira una mano pero uno de los federicos se interpone, lo agarra. Intenta zafarse, corcovea, hasta que el cana lo tira al piso y le pone la rodilla en la espalda.
![]()
Yo trato de hacer que no miro, no sea cosa que después me terminen dejando de testigo, eso si, escucho todo, pero igual no entiendo nada. Lo primero que pensé era que se trataba de una pelea de pareja porque la chica, gordita ella pero nada del otro mundo, le gritaba cosas como “qué hacía allá/ por qué no me pegas ahora/te cagas adelante de la cana, puto/dale, pegame”. Pero no, no era eso. Menos cuando en un momento puedo distinguir dentro de toda la cacofonía de gritos un “pero no, oficial, si yo soy de River, no de Tigre” de parte del, por llamarlo de alguna manera, agredido. Y todo quedo perfectamente claro cuando la mina le tira un “dale, hacete el malito ahora, por qué no me decís puta ahora, que anduve con toda la barra de Tigre, eh… todo porque mi hermano está con la camiseta de Platense”. Una vez que resolví el misterio el asunto perdió su misterio y se convirtió en antropología urbana, interesante pero no mucho más. La chica no quería dejarlo ir, menos cuando se entero que su ofensor, también por llamarlo de alguna manera, se iba de vacaciones. Pedía a los gritos a los policías que llamaran a un patrullero, que quería hacer la denuncia. Cuando estos se negaron, primero los insulto y después se fue para volver con otro muchacho momentos después. Más forcejeos, manos en el aire, el rubiecito que cada vez más se hace el boludo, cada vez más asegura su propia inocencia, ella dice que ya viene el patrullero y que “ahora vos no te vas a ningún lado, puto” y se va de nuevo. El ofensor agredido le grita su inocencia al oficial, “pero si yo no hice nada, jefe/me voy de vacaciones, voy a perder el boleto/mire mi bolso, si soy de River, tengo un gorrito de River” hasta que el interpelado se aburre, cansa, harta, y le grita “vos de acá no te vas nada, vas a ir a la comisaría y ahí te vas a quedar”. Al ratito (dos, tres minutos) llega otro muchacho, morochón, en shorts, más grande. Con aplomo, en medio de los gritos del pibe que decía “si yo no te hice nada, flaca, te confundiste” y los gritos de respuesta de ella “no me confundí nada, vos de acá no te vas”, le pregunta al ofensor agredido “dale, qué paso acá, decime que hiciste”. Obvio, la respuesta que obvtuvo fue “no hice nada, la chica se confunde…”, etc., etc., y luego al federico “si voy a la comisaría me van a cagar a trompadas…”.
Para hacerla corta, voy a resumir lo que creo -estoy seguro- que paso. El ofensor agredido iba por la calle o colectivo, ve al adolescente con la remera de Platense y una chica y les grita alguna injuria, esas cosas tan habituales en el folklore de las barras bravas. Ellos, en vez de comersela tranquilos e irse, lo siguen hasta la estación del ferrocarril. El se da cuenta y por eso se acerca a la cana, porque sabía que iban a por él. Después, para zafar, hace que no los conoce. Piensa, pienso yo, que su piel clarita y el color de su cabello lo van a absolver de culpa y cargo. Pero no. Los policías se hartan de todo el lio y todos derecho viejo al calabozo. O por lo menos a la comisaría. Sherlock Holmes estaría orgulloso de mi, ¿no?